Tiempo para pensar demasiadas cosas que a su vez me roban el tiempo de amar, vivir, gritar de felicidad.
Día tras día te ves caer en la monotonía. ¿Dónde venden fortaleza? ¿ Con cuántas lágrimas he de pagarla?
El tiempo fugaz que gasta la llama del mechero es el que gasto en amarme cuando me miro al espejo.
Ya no recuerdo lo que era parar el tiempo contra la boca de algún caballero.
Matas el tiempo en la cama, no soportas verte humillada comiendo.
Tiempo vacío de buenos recuerdos. Tiempo explotado de falsas esperanzas, dedicado al autoengaño.
Tiempo que tardo en rozar mis entrañas, presionarme con fuerza y ver un nuevo fracaso.
Atrapada en un reloj de arena que me ahoga y me resta oxígeno.
Encerrada en otro de cuerda, donde cada aguja pincha y me atraviesa. Y la sangre de mi cuerpo colorea cada número, cada nueva hora.
Aturdida y sumida en una locura por el tic-tac, tic-tac que cuelga en la pared.
Cronometrada, vigilada, calculada por cada sombra que me amenza.

