Cansada y saturada de vergüenza ajena al ver anuncios de bellas y delgadas mujeres comiendo o mejor dicho, disimulando que comen un helado, chocolate o cualquier alimento prohibido en nuestras dietas.
¿Hasta dónde van a llegar? tiempos superficiales, donde sólo importa el dinero, donde reina la mentira, la hipocresía. Tiempos repulsivos como nuestros cuerpos obesos que desde cada rincón del planeta adoramos sin ser conscientes de la mierda en la que vivimos.
Por un lado se quejan de los índices de obesidad, sin embargo, los mediocres que gobiernan permiten que cada día inventen un nuevo producto compuesto de grasas saturadas, conservantes, colorantes, bollería hidrogenada...
Nos lo venden como meriendas prácticas para niños, ricas y saludables. Nos lo venden como alternativa para cuando no hay ganas de cocinar o por falta de tiempo. Nos lo venden como el más puro placer, la máxima experiencia vivida. Cuando todos sabemos que sólo son productos químicos con aromas y glasificantes.
No me pongas a la chica guapa, delgada y sonriente. Pon a la chica gorda, triste y enferma. Adicta a todos los adictivos que hay en los alimentos, a sus condimentos, al olor del bollo, al papel llamativo del envase que contiene la bomba calórica, el veneno de nuestras arterias, el colesterol que nos lleva a una muerte segura y a toda una vida de depresiones e infelicidad, de trastornos alimenticios...de anorexia, de bulímia, de obesidad.
No te dejes manipular por la publicidad, no te veas atrapada en sus trampas. Quizás tus kilos demás sean motivo de tal manipulación. Y toda tu infelicidad se termine con un gesto fácil, con un abrir y no cerrar jamás los ojos.
No soy catastrofista, más bien realista.
